{"id":476305,"date":"2013-08-28T17:29:08","date_gmt":"2013-08-28T15:29:08","guid":{"rendered":"https:\/\/llyc.global\/ideas\/de-como-la-recesion-saboteo-la-comunicacion\/"},"modified":"2026-08-13T15:30:39","modified_gmt":"2026-08-13T13:30:39","slug":"de-como-la-recesion-saboteo-la-comunicacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/llyc.global\/pt-br\/ideas\/uno\/de-como-la-recesion-saboteo-la-comunicacion\/","title":{"rendered":"De c\u00f3mo la recesi\u00f3n sabote\u00f3 la comunicaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/www.revista-uno.com.br\/wp-content\/uploads\/2013\/07\/02_22.jpg\"><\/a>Uno de los da\u00f1os colaterales infligidos por la crisis lo ha sido a la transparencia sobre su origen y desarrollo, de tal modo que la comunicaci\u00f3n \u2013oficial, empresarial, financiera y medi\u00e1tica\u2013 no pudo o no supo ni anticiparla ni explicarla. En rigor, la comunicaci\u00f3n como concepto vehicular del derecho a la informaci\u00f3n, ha registrado un llamativo fracaso. Porque la comunicaci\u00f3n dispone siempre de un contenido anticipador y prospectivo. Sin embargo, en esta ocasi\u00f3n hist\u00f3rica, las sociedades occidentales se han dado de bruces con una virulenta crisis econ\u00f3mica cuando ya se encontraba en plena eclosi\u00f3n. Es preciso reflexionar por qu\u00e9 razones la opacidad se ha impuesto a la transparencia y por qu\u00e9 motivos fallaron los mecanismos comunicacionales de la alerta social.<\/p>\n<blockquote><p>Cuando se produce una convergencia de intereses de ocultaci\u00f3n tan apabullante, las potenciales fuentes de los medios de referencia econ\u00f3micos quedan cegadas<\/p><\/blockquote>\n<p>En el libro \u2013interesante por muchos conceptos\u2013 de Juan Francisco Mart\u00edn Seco (\u201cLa trastienda de la crisis\u201d) se alude directamente a lo que \u201cel poder econ\u00f3mico quiere ocultar\u201d. La afirmaci\u00f3n remite al modo en que la gran banca de inversi\u00f3n americana incurri\u00f3 en malas pr\u00e1cticas: la titulizaci\u00f3n de activos financieros, en particular las hipotecas-basura o subprimes, se expandieron por todo el sistema bancario occidental incrust\u00e1ndose en los balances de las entidades m\u00e1s solventes que no llegaron a desvelar el n\u00facleo inservible del activo que adquir\u00edan. Otro autor de acreditada trayectoria como el que fuera economista jefe del Fondo Monetario Internacional, Raghuram G. Rajan, en su libro \u201cLas grietas del sistema\u201d, niega que no se avisase de la recesi\u00f3n en ciernes y alude a la Conferencia de Jackson Hole en 2005 durante la que \u00e9l mismo present\u00f3 una ponencia (\u201c\u00bfHa contribuido el desarrollo financiero a hacer un mundo m\u00e1s expuesto al riesgo?\u201d) en la que advert\u00eda del peligro que luego se confirm\u00f3. Nadie entonces le tom\u00f3 en consideraci\u00f3n porque, seg\u00fan sus palabras, \u201clos que se beneficiaban de una econom\u00eda sobrecalentada carec\u00edan de incentivos para prestar atenci\u00f3n. Los cr\u00edticos siempre eran tachados de agoreros o cenizos\u201d.<\/p>\n<p>No s\u00f3lo los sectores empresariales directamente concernidos se negaron a dar la voz de alarma. Tambi\u00e9n fallaron mecanismos dispuestos por el propio mercado para anticipar riesgos: las agencias de ratings que resultaron pr\u00f3digas con sus excelentes calificaciones que, a la vista de los acontecimientos, en modo alguno estaba justificadas. Las agencias de ratings siguen funcionando pero el valor de sus calificaciones se ha relativizado hasta el extremo de perder, en muchos casos, hasta la m\u00ednima credibilidad. Se calcula que se han interpuesto decenas de demandas judiciales contra dichas agencias tanto por entidades p\u00fablicas como privadas que les acusan de opacidad en sus protocolos y de conflictos de intereses en la medida en que se financian mediante pagos de las compa\u00f1\u00edas y administraciones que son auditadas por ellas.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.revista-uno.com.br\/wp-content\/uploads\/2013\/07\/022.jpg\"><\/a><\/p>\n<p>Pero quiz\u00e1s el mayor de los obst\u00e1culos para que la comunicaci\u00f3n medi\u00e1tica tomase la delantera a los acontecimientos proceda, adem\u00e1s del propio sistema financiero, del pol\u00edtico y del acad\u00e9mico. Porque la ra\u00edz de la crisis se podr\u00eda encontrar en una desregulaci\u00f3n iniciada en los a\u00f1os ochenta \u2013la \u00e9poca de Reagan y de Thatcher\u2013 para hacer efectivo el propugnado \u201ccapitalismo popular\u201d en funci\u00f3n de cual los gobiernos levantaron las cautelas al sistema financiero en la concesi\u00f3n de cr\u00e9ditos para que, accediendo f\u00e1cilmente a la financiaci\u00f3n, las clases medias pasasen a ser \u201cclases propietarias\u201d provocando as\u00ed la llamada \u201cburbuja inmobiliaria\u201d. El fen\u00f3meno fue particularmente agudo en Estados Unidos, pero tambi\u00e9n en otros pa\u00edses. Existe, por tanto, un origen pol\u00edtico en la crisis que se conjuga con un decaimiento de controles y criterios deontol\u00f3gicos en el sistema financiero que ha tratado de ocultar su responsabilidad. M\u00e1s a\u00fan: hubo un momento en que las esferas administrativas se nutrieron de ejecutivos de la banca que avalaron la desregulaci\u00f3n y animaron \u2013no siempre de forma consciente\u2013 a pol\u00edticas empresariales especulativas y temerarias.<\/p>\n<p>La gran decepci\u00f3n \u2013y quiz\u00e1s el factor m\u00e1s determinante para la renqueante comunicaci\u00f3n sobre la crisis econ\u00f3mica\u2013 ha sido la corrupci\u00f3n de los grandes acad\u00e9micos de la econom\u00eda que, obviando sus obligaciones \u00e9ticas, dictaminaron, conferenciaron y escribieron durante los tiempos de bonanza a favor de la coyuntura. Naturalmente, no lo hicieron desde la convicci\u00f3n, sino, en muchos casos, desde el inter\u00e9s monetario. El implacable y oscarizado documental \u201cInside job\u201d denuncia estas conductas. Personalidades como Glenn Hubbard, decano de Columbia Business School, Martin Feldstein, profesor de Econom\u00eda en Havard, Laura Tyson, profesora de la Universidad de California (Berkeley), Ruth Simmons, presidenta de la Universidad de Brown o Frederik Mishkin, tambi\u00e9n profesor de Columbia, entre otros, se dejaron corromper incorpor\u00e1ndose a comit\u00e9s asesores de empresas del sistema bancario americano o ejerciendo de expertos en dict\u00e1menes de gran incidencia en los analistas independientes, provocando una grave confusi\u00f3n que permiti\u00f3 a la crisis un trote desbocado que ellos avalaron con su prestigio acad\u00e9mico.<\/p>\n<blockquote><p>La gran decepci\u00f3n ha sido la corrupci\u00f3n de los grandes acad\u00e9micos que, obviando sus obligaciones \u00e9ticas, escribieron a favor de la coyuntura. No lo hicieron desde la convicci\u00f3n, sino, en muchos casos, desde el inter\u00e9s monetario<\/p><\/blockquote>\n<p>En estas condiciones, cuando se produce una convergencia de intereses de ocultaci\u00f3n tan apabullante, las potenciales fuentes de los medios \u2013especialmente de los que gozan en el terreno econ\u00f3mico de mayor capacidad de referencia mundial\u2013 quedan cegadas. No trato de exonerar a la urdimbre comunicacional \u2013peri\u00f3dicos, radios, TV, soportes online\u2013 de una cierta responsabilidad en la ausencia de avisos adelantados a las fases m\u00e1s virulentas de la crisis econ\u00f3mica, pero s\u00ed de exculparles de desidia o de dolosa ocultaci\u00f3n. Eran demasiados los obst\u00e1culos que los periodistas y sus empresas hab\u00edan de saltar para transmitir una idea de lo que ocurr\u00eda. El fallo mayor de los medios, especialmente de los peri\u00f3dicos de referencia, ha consistido en no establecer el relato m\u00e1s o menos can\u00f3nico de la crisis, cediendo esta misi\u00f3n a lo que ya se conoce como \u201cliteratura de la recesi\u00f3n\u201d \u2013autores que han publicado libros en papel y online sobre todas las secuencias de la crisis\u2013 y al \u201ccine de la crisis\u201d, esto es, al recurso de contarla \u2013mediante documentales o cintas de ficci\u00f3n\u2013 haci\u00e9ndola did\u00e1ctica y accesible a p\u00fablicos amplios.<\/p>\n<blockquote><p>La \u201cliteratura de la recesi\u00f3n\u201d y el \u201ccine de la crisis\u201d han arrebatado a los medios el relato can\u00f3nico de la crisis econ\u00f3mica haci\u00e9ndola accesible a p\u00fablicos m\u00e1s amplios que son muy esc\u00e9pticos respecto de Gobiernos, empresas y peri\u00f3dicos<\/p><\/blockquote>\n<p>La consecuencia de este sabotaje a la comunicaci\u00f3n como un elemento end\u00f3geno de la caracterizaci\u00f3n de la crisis econ\u00f3mica consiste en la p\u00e9rdida de la reputaci\u00f3n de las diversas instancias y actores de la misma. La sociedad se ha tornado esc\u00e9ptica hacia los discursos oficiales; no est\u00e1 preparada para devolver a las empresas un \u00e1pice de la credibilidad que tuvieron; tampoco se f\u00eda de los intereses que pueden albergar los an\u00e1lisis acad\u00e9micos en los medios y en las revistas especializadas y \u2013como demuestra la crisis de los peri\u00f3dicos\u2013 no espera que los medios tengan perspicacia e independencia para desentra\u00f1ar las claves de una recesi\u00f3n, s\u00f3lo comparable con la de 1929. La increencia, la suspicacia y la desconfianza son las consecuencia del fracaso de la comunicaci\u00f3n transparente en las respuestas al qui\u00e9n, al cuando, al por qu\u00e9 y al donde de la crisis que, a fin de cuentas, requieren contestaciones claras que no han sido proporcionadas por completo a la opini\u00f3n p\u00fablica occidental.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Uno de los da\u00f1os colaterales infligidos por la crisis lo ha sido a la transparencia sobre su origen y desarrollo, de tal modo que la comunicaci\u00f3n \u2013oficial, empresarial, financiera y medi\u00e1tica\u2013 no pudo o no supo ni anticiparla ni explicarla. 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