El valor de complementarnos

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22 Oct 2026

América Latina y el Caribe tienen mucho que ofrecer al mundo y mucho más que ganar cuando sus capacidades se conectan. Nuestra diversidad productiva, nuestros recursos naturales, nuestros talentos y nuestra posición geográfica nos ofrecen una oportunidad extraordinaria: para complementarnos mejor y ampliar lo que podemos lograr juntos.

Esa complementariedad puede convertirse en una verdadera ventaja. Significa conectar mercados, desarrollar cadenas regionales de valor, sumar capacidades productivas y generar las condiciones para atraer más inversión. Significa también fortalecer, desde una región más articulada, nuestros vínculos con socios fundamentales como lo son Estados Unidos y Europa.

República Dominicana ha aprendido que las oportunidades crecen cuando somos capaces de conectar fortalezas. La colaboración entre el sector público y el privado ha sido parte importante de ese camino y ofrece una experiencia útil para pensar en una escala regional.

Hoy el comercio intrarregional, según datos de la CEPAL, solo representa alrededor del 14 % del comercio total de América Latina y el Caribe.

Más que detenernos en esa cifra, debemos verla como una medida del espacio que tenemos para avanzar: facilitando el comercio, mejorando nuestra conectividad física y digital, atrayendo inversiones y desarrollando cadenas regionales de valor.

Una región mejor articulada tendrá también mayor capacidad para relacionarse con Estados Unidos, Europa y los demás polos de la economía mundial. Integrarnos más y conectarnos mejor con el mundo son objetivos que se complementan.

Esa articulación necesita una pieza fundamental: una relación cada vez más estrecha entre el sector público y el sector privado.

Los gobiernos construyen marcos de estabilidad, abren mercados, generan acuerdos y crean condiciones. Las empresas aportan inversión, innovación, conocimiento y capacidad de ejecución. Cuando ambos sectores trabajan con objetivos compartidos, las oportunidades tienen mayores posibilidades de convertirse en resultados positivos.

República Dominicana conoce el valor de esa colaboración. Nuestra experiencia en zonas francas, turismo, logística, transformación digital y atracción de inversiones demuestra lo que puede alcanzarse cuando combinamos estabilidad, ventajas competitivas, continuidad de políticas y articulación entre el Estado y el empresariado.

Los resultados permiten medir esa confianza. En 2025, la inversión extranjera directa superó por primera vez los US$5,000 millones, alcanzando un máximo histórico.

El capital busca oportunidades, pero también previsibilidad, reglas claras y principalmente confianza. Cuando una empresa decide invertir, ampliar sus operaciones o establecerse en un país, está expresando con recursos una expectativa sobre su futuro.

Y esa confianza llega desde ambos lados del Atlántico. España fue en 2025 el principal país de origen de inversión extranjera directa en República Dominicana y nuestro intercambio comercial bilateral superó los US$1,400 millones. Son relaciones económicas que muestran el valor de mantener puentes abiertos y seguir ampliando las conexiones entre nuestros mercados.

Para República Dominicana, profundizar nuestra relación con Estados Unidos, Europa y nuestra propia región del Caribe y Centroamérica, son propósitos complementarios. Nuestra posición geográfica estratégica, la conectividad aérea y marítima; nuestra gente trabajadora, joven y alegre; y la plataforma productiva, adquieren mayor valor cuando somos capaces de utilizarlos para conectar mercados, atraer inversiones y crear oportunidades que se traduzcan en trabajo y apoyo a nuestra gente con políticas públicas efectivas.

Esa visión también orienta la Presidencia de República Dominicana de la CEPAL para el período 2026-2028. Queremos contribuir a que la región pase de los grandes consensos hacia iniciativas concretas, incorporando activamente a gobiernos, sector privado y sociedad civil para así movilizar inversiones, fortalecer la seguridad, impulsar la innovación y aumentar nuestras capacidades productivas.

Esto requiere una diplomacia que entienda esta nueva realidad. La diplomacia económica de nuestro tiempo debe comprender las cadenas de valor, anticipar los cambios, saber cómo conectar al sector público con el privado e identificar dónde están surgiendo nuevas oportunidades. Tener relaciones es importante; saber convertir esas relaciones en oportunidades es lo que les da verdadero sentido.

La próxima Cumbre Iberoamericana llega en un momento especialmente oportuno para esta conversación. La realidad geopolítica nos está mostrando el valor de diversificar, construir resiliencia y encontrar complementariedades. Allí puede estar una de las grandes oportunidades de nuestra región.

En un mundo que se reorganiza, América Latina y el Caribe tienen una oportunidad para actuar con mayor articulación.

Hagamos de nuestra diversidad una complementariedad; de nuestra complementariedad, una fortaleza; y de esa fortaleza, una mejor manera de relacionarnos con Estados Unidos, Europa y el mundo.