El triángulo américa latina, europa y estados unidos. Nueva cumbre iberoamericana, nuevas oportunidades

  • Temáticas
    Asuntos Europeos
    América latina
    Economía
  • Sector
    Otros
  • Países
    Global
22 Oct 2026

Durante décadas, Iberoamérica y Europa se hablaron por costumbre, no por urgencia. Eso ha cambiado. En los primeros días de noviembre, Madrid acoge una nueva Cumbre Iberoamericana, y llega en el peor —o mejor— momento posible: cuando Estados Unidos, la Unión Europea y China compiten abiertamente por el mismo espacio de influencia en Latinoamérica, y cuando esa competencia ya no es solo diplomática. Es geopolítica que se convierte en cuenta de resultados.

Llevo tres décadas trabajando entre estas tres orillas —Buenos Aires, Lima, Bogotá, Ciudad de México, Miami, Madrid— y nunca había visto la geopolítica entrar tan rápido en el consejo de administración. Antes era un capítulo de riesgos al final del informe anual. Hoy decide dónde inviertes, con quién comercias y qué regulación te cae encima el mes que viene.

La empresa que sigue tratándola como ruido de fondo ya está tomando una decisión, aunque no lo sepa.

En estos dos últimos años, Washington ha virado hacia una política latinoamericana más intervencionista, que tensiona soberanías y fronteras que parecían asentadas. Al mismo tiempo, dentro del propio subcontinente crece la fragmentación: estrategias nacionales que divergen, choques ideológicos que se acumulan, ciclos electorales que producen liderazgos cada vez más impredecibles. No es un momento más en la agenda internacional.

Es un punto de inflexión y las empresas que sigan operando en modo business as usual llegarán tarde.

Aquí está la paradoja que de verdad importa, y es la que ocupa el centro de la cumbre: a pesar del acuerdo comercial entre la UE y Mercosur —diez años de negociación para llegar a puerto—, la relación entre Latinoamérica y Europa sigue siendo más superficial de lo que ambas partes necesitan. No es falta de historia común. Es falta de tiempo político invertido en cultivarla. Y ese descuido tiene un costo que se paga en cuota de mercado, no en comunicados.

Porque mientras Europa dosifica su atención, Estados Unidos y China no dosifican la suya. Los dos disputan influencia y negocio en Latinoamérica con una intensidad que España y Portugal —puerta natural de la UE hacia la región— todavía no igualan. Y aquí va mi convicción, no un diagnóstico neutral: Latinoamérica y Europa, con España y Portugal a la cabeza, tienen una ventaja que ni Washington ni Pekín pueden replicar. No es una alianza más. Es una comunidad de valores con siglos de raíz, y esa comunidad puede convivir perfectamente con otras alianzas de cada país. No hay que elegir bando; hay que dejar de llegar segundos.

El camino que tomen los países latinoamericanos junto a sus socios va a decidir buena parte del destino de sus empresas en la próxima década. Y eso significa que los consejos de administración de este lado del Atlántico necesitan una mentalidad distinta:

dejar de mirar Latinoamérica como mercado de oportunidad ocasional y empezar a tratarla como plataforma de influencia y liderazgo. La región lleva tiempo pidiendo socios, no solo inversores.

Por eso, desde LLYC hemos decidido que la nueva entrega de UNO —nuestra plataforma de debate de ideas— se construya íntegramente en torno a esta cumbre y a sus ramificaciones políticas, comerciales, económicas y comunicativas. Hemos convocado voces expertas de los tres continentes para que discutan, sin filtro corporativo, qué retos abre este encuentro y qué oportunidades debería destrabar para la sociedad civil y la economía del gran triángulo atlántico: Estados Unidos, América Latina y Europa.

Ese triángulo no es un concepto que hayamos elegido por oportunismo editorial. Está incrustado en el ADN de LLYC. Llevamos décadas operando en las tres regiones a la vez, tejiendo relaciones que no se improvisan en un ciclo electoral.

Queremos que este número de UNO no se quede en el debate de salón. Buscamos que el diálogo llegue hasta los líderes políticos que se van a sentar en Madrid dentro de unas semanas. Nos tomamos en serio este espacio geográfico y de valores porque es parte de nuestra historia y de nuestra identidad. Y cada vez estoy más convencido de que debería serlo también de la del ecosistema empresarial que decide, ahora mismo, si construye puentes o si llega tarde a la mesa donde ya se está repartiendo el futuro.