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Mientras las empresas se preparan para incorporar agentes de inteligencia artificial, hay otra transformación, mucho más previsible, para la que quizás no estemos igualmente preparados: viviremos más y tendremos vidas profesionales más largas.
Estamos rediseñando la empresa para incorporar nuevas inteligencias, pero todavía no la estamos rediseñando para aprovechar vidas más largas.
En los últimos meses he visto estas conversaciones aparecer en espacios distintos. En directorios hablamos de inteligencia artificial, productividad y nuevos modelos de negocio. En otros ámbitos empresariales, de talento y de las capacidades que necesitaremos para competir. Y trabajando en iniciativas vinculadas con longevidad, aparece otra pregunta: ¿cómo transformamos organizaciones pensadas para vidas profesionales mucho más cortas?
Creo que estas conversaciones ya no pueden ocurrir por separado.
Estamos viviendo simultáneamente la revolución de la inteligencia artificial y la revolución de la longevidad. Una está cambiando cómo trabajamos; la otra, durante cuánto tiempo podremos hacerlo. La verdadera oportunidad estará en diseñar ambas transformaciones al mismo tiempo.
Después de muchos años liderando organizaciones con miles de colaboradores, aprendí que las grandes transformaciones nunca son solo tecnológicas. Cambian procesos, pero terminan cambiando estructuras, culturas, liderazgos y, finalmente, la manera en que una empresa crea valor.
El organigrama que viene
McKinsey plantea que avanzamos hacia organizaciones “agénticas”, donde personas y agentes de inteligencia artificial trabajarán conjuntamente. Incluso anticipa la evolución del organigrama tradicional hacia un work chart, organizado alrededor del trabajo y los resultados.
La idea me parece provocadora. Durante décadas representamos las organizaciones con cajas ocupadas por personas y líneas que indicaban quién reportaba a quién. Muy pronto esa imagen podría resultar insuficiente.
En América Latina, McKinsey Global Institute estima que el 57% de las horas trabajadas actualmente podría técnicamente automatizarse con tecnologías existentes. No significa que desaparecerá ese porcentaje de empleos. Significa algo mucho más relevante para quienes dirigimos empresas: una parte importante del trabajo tendrá que ser rediseñada.
Y ese rediseño ocurre mientras nuestras sociedades también envejecen.
La experiencia también necesita transformarse
Viviremos más y muchas personas necesitarán —o querrán— permanecer activas profesionalmente durante más tiempo. Sin embargo, seguimos gestionando carreras bajo una lógica bastante lineal: estudiar, trabajar, crecer y retirarse.
Esta transformación interpela especialmente a quienes llevamos décadas en posiciones de liderazgo. No podemos pedirles a las organizaciones que se transformen si nosotros no estamos dispuestos a hacerlo.
La experiencia solo tendrá valor si permanece en movimiento.
Tendremos que aprender, desaprender, incorporar nuevas tecnologías y aceptar que aquello que alguna vez nos hizo exitosos puede no ser suficiente para la siguiente etapa.
Pero tampoco deberíamos cometer el error contrario: confundir juventud con innovación. La edad no garantiza ni experiencia relevante ni capacidad de transformación.
La pregunta no es qué generación es mejor. Es qué capacidades necesitamos y cómo conseguimos combinarlas.
No es solo talento. Es negocio.
Aquí está, para mí, el verdadero cambio de perspectiva.
Si tratamos la longevidad, la convivencia generacional y la inteligencia artificial como conversaciones exclusivamente de Recursos Humanos, estaremos perdiendo buena parte de la oportunidad. Son asuntos de competitividad.
De productividad, porque tendremos que decidir qué hacen mejor las personas, qué pueden hacer los agentes y dónde su combinación genera más valor.
De innovación, porque las nuevas miradas necesitan encontrarse con experiencia, contexto y conocimiento acumulado.
De cliente, porque nuestras sociedades y nuestros consumidores también son multigeneracionales y más longevos. Una organización que no refleje esa diversidad puede terminar comprendiendo solo una parte de su mercado.
Y de crecimiento, porque una sociedad que vive más abrirá nuevas necesidades en servicios financieros, salud, seguros, vivienda, educación, tecnología, entretenimiento y consumo.
Por eso esta conversación debería estar llegando a los comités ejecutivos y a los directorios.
Quizás la pregunta ya no sea “¿cuántas personas necesito?”, sino “¿qué capacidades necesito para conseguir este resultado?”
¿Cuáles deben ser humanas? ¿Cuáles puede aportar la inteligencia artificial? ¿Cuáles requieren experiencia? ¿Cuáles debemos desarrollar? ¿Y cuáles ya existen dentro de nuestras organizaciones y simplemente no estamos viendo?
La ventaja de saber combinar
No veo el futuro del trabajo como una competencia entre personas y tecnología. Lo veo como un desafío de diseño.
La empresa que viene tendrá profesionales de distintas generaciones trabajando entre ellos y con agentes de inteligencia artificial. El liderazgo consistirá cada vez más en saber combinar capacidades diferentes para producir resultados que ninguna conseguiría por separado.
Para América Latina, donde necesitamos elevar productividad y acelerar nuestra transformación tecnológica mientras nuestras sociedades también envejecen, esta puede ser una enorme oportunidad.
Durante años pensamos que el futuro del talento consistía en derribar fronteras geográficas. Hoy creo que las próximas fronteras están dentro de nuestras organizaciones: entre generaciones, entre experiencia y aprendizaje, entre inteligencia humana e inteligencia artificial.
La próxima ventaja competitiva no estará en tener más tecnología ni en acumular más experiencia. Estará en saber combinarlas mejor.
Y quizás esa sea una de las mayores responsabilidades de nuestra generación de líderes: no defender la empresa en la que aprendimos a dirigir, sino ayudar a construir aquella que viene.
Fuentes de referencia:
- McKinsey & Company, “The agentic organization: Contours of the next paradigm for the AI era”, 2026.
- McKinsey Global Institute, “Agents, robots, and us: How AI reshapes work and skills in Latin America”, 2026.