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En América Latina, la tecnología no llega como una ola. Llega como un rumor. Se expande de chat en chat, de barrio en barrio, de persona a persona. Es una región donde la digitalización no ocurre en los servidores, sino en los teléfonos; donde el cambio no lo dicta el algoritmo, sino la conversación. Por eso creo que el mayor desafío no es innovar más rápido, sino innovar con más empatía. La tecnología no se impone: se conversa.
Durante años, el debate sobre inclusión digital se concentró en la infraestructura: cuántas personas tienen acceso a Internet, a una cuenta o a un smartphone. Pero la brecha más profunda no es de acceso, es de lenguaje. No basta con estar conectado si la tecnología sigue sin hablarnos en nuestro idioma. Esa es la razón por la que muchos de los avances que celebramos en las capitales aún no transforman la vida en los barrios.
En dale!, aprendimos que la verdadera innovación no siempre luce sofisticada. A veces se parece a lo cotidiano: una conversación de WhatsApp, un apodo escrito con cariño en una vitrina. Por eso nació Nombres con Calle, una iniciativa que busca visibilizar a los negocios populares que sostienen la economía de nuestros barrios. A través de la llave Tag Aval, cualquier tienda, puesto o emprendimiento puede tener su propio nombre digital (@DonaMartaTienda, @FloresDeInes) y usarlo para cobrar o recibir dinero. La identidad es el primer paso de la inclusión.
El siguiente paso fue natural: llevar la posibilidad de cobrar al lugar donde ya ocurre la vida diaria. Hoy, los negocios pueden recibir pagos directamente por WhatsApp, usando su Llave Tag Aval dentro del ecosistema interoperable Bre-b. No se trata de una alianza técnica, sino de una convicción simple: si la mayoría de los colombianos vive, conversa y confía en WhatsApp, entonces ese debe ser también el espacio de su inclusión financiera. No necesitamos que la gente se mude a la tecnología; necesitamos que la tecnología se mude a la gente.
Este enfoque tiene que ver con lo que defendemos en nuestro Informe de Sostenibilidad 2024: que la tecnología debe tener un propósito medible y social. No es un accesorio de responsabilidad, es la esencia del negocio. Incorporar criterios ESG significa entender que la inclusión no se mide en descargas, sino en confianza, en relaciones más transparentes y en herramientas que dignifican el trabajo.
La sostenibilidad no se logra sumando usuarios, sino multiplicando oportunidades.
América Latina es un territorio de ingenio. En toda la región surgen formas propias de digitalización que combinan creatividad, colaboración y cercanía. Brasil lo demostró con Pix, Perú con sus billeteras comunitarias, y Colombia con su red de negocios locales que hacen del servicio y la confianza una forma de economía viva.
El barrio es el primer laboratorio de innovación de la región.
No porque carezca, sino porque crea: porque transforma cada conversación en posibilidad.
He visto cómo se ilumina la mirada de un comerciante cuando ve su nombre impreso en su Llave Tag Aval. Ahí, en ese gesto mínimo, ocurre algo profundo: el reconocimiento. Lo que antes era invisible ahora tiene identidad. Y eso, en un continente donde el progreso suele medirse en cifras, es una victoria humana. En dale! seguiremos construyendo tecnología que no solo se use, sino que se entienda.
Porque cuando la innovación se conversa (no se impone), no solo transforma negocios: transforma culturas.