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En este informe de abril, observamos una consolidación de lo que veníamos analizando en informes anteriores: el desplazamiento del capital de confianza desde los logotipos hacia las personas. Ya no basta con tener un producto excelente o una distribución masiva; la relevancia hoy se construye en el terreno de lo simbólico y, sobre todo, de lo auténtico. El Zeitgeist actual demanda que las organizaciones dejen de ser entes abstractos para convertirse en agentes con voz, cara y, en ocasiones, hasta sentido del humor frente a la adversidad.
01. FOUNDER GENERATED CONTENT (FGC): EL EMPRESARIO COMO ACTIVO DE MARCA
La narrativa del origen frente al filtro corporativo
El auge del contenido generado por fundadores (FGC) marca el fin de la era de los portavoces en la sombra. Ya no hablamos de influencers que lanzan marcas, sino de empresarios que utilizan su visión y su día a día como el principal motor de confianza. En un ecosistema saturado, el consumidor busca el “por qué” detrás del negocio, y nadie lo comunica mejor que quien lo ha construido desde cero.
Vemos este fenómeno consolidado en perfiles como los de Alex Benlloch y Bruno Casanovas, el dúo detrás de Nude Project, quienes han convertido su podcast y sus apariciones en la cara visible de una comunidad que trasciende la moda urbana. Del mismo modo, en un sector tan tradicional como la pastelería, Gisela Cruz de Tartas Bastante Majas ha logrado escalar un negocio nacional compartiendo sus experimentos y decisiones de forma cercana y transparente en TikTok. Fuera de España destaca también el caso de Poppi: la marca de refrescos creada por Allison Ellsworth, que documentó en sus redes desde sus primeros experimentos caseros hasta la venta de la marca a Pepsico (y, pese a ello, ella sigue siendo la portavoz de la marca).
El FGC elimina la fricción entre la marca y la audiencia. Las compañías deben entender que la vulnerabilidad y la honestidad del fundador son hoy activos financieros. El reto está en hacer que esta visibilidad sea un reflejo genuino del propósito de la empresa, evitando que el ego personal canibalice la estrategia corporativa.
02. EL NUEVO TABLERO DE LA INFLUENCIA: EL CEO ES EL MENSAJE
Cuando la reputación personal es el principal escudo de la compañía.
La capacidad de influencia de una marca está hoy también ligada a la figura de su líder. Los datos del informe de Onclusive sobre marcas influyentes en 2026 son claros: la influencia mediática de Elon Musk es diez veces superior a la de cualquier otro líder, generando más menciones que la propia Tesla.
Este fenómeno se repite con Sam Altman, cuya visibilidad es el verdadero motor de ChatGPT, superando en impacto mediático a figuras como Mark Zuckerberg. Esto se ve claro en otros ejemplos como Tim Cook, que recientemente anunció que dejaría de ser el CEO de Apple a través de una carta a su comunidad firmada por él mismo.
El CEO ha dejado de ser una figura institucional para convertirse en el portavoz directo y protagonista narrativo del producto y generador de relato corporativo. Sin embargo, esta alta exposición es un arma de doble filo: el sentimiento de la marca queda secuestrado por la conducta personal del líder.
El liderazgo ejecutivo es la palanca de alcance más eficaz, pero requiere una gestión de precisión. Las marcas deben profesionalizar la identidad digital de sus directivos, entendiendo que hoy, más que nunca, las personas confían en personas.
03. LA CRISIS COMO OPORTUNIDAD
Transformar la vulnerabilidad logística en share social
Gestionar una crisis ya no consiste solo en mitigar el daño, sino en tener la agilidad mental para capitalizar la conversación. El silencio ya no es la única opción táctica; en ocasiones, abrazar el problema y convertirlo en una narrativa compartida con la audiencia genera un vínculo de complicidad que ninguna campaña planificada podría comprar. La clave reside en la velocidad de respuesta y en la capacidad de leer el sentimiento social en tiempo real.
El caso de Nestlé con el robo de un camión de KitKat en vísperas del April Fool’s es paradigmático. Ante la oleada de memes de marcas como Domino’s o Ryanair, la marca no solo no se puso a la defensiva, sino que transformó el incidente en una acción de relaciones públicas mediante una herramienta de rastreo para los usuarios. Lo que empezó como un problema de suministro terminó como una maniobra de engagement global reseñada por medios como Time.
La resiliencia moderna es creativa. Las marcas deben desarrollar protocolos que permitan “surfear” la crisis con humor y transparencia. Si el error es humano, la respuesta también debe serlo.
04. LA CONQUISTA DEL TERRITORIO SIMBÓLICO
Más allá del beneficio funcional: el legado de la deseabilidad
Competir únicamente por precio o características técnicas es una carrera hacia el olvido. Las marcas que perduran son aquellas que logran posicionarse en territorios que parecen ajenos a su producto pero que son centrales en la cultura. La batalla hoy se gana en el plano simbólico, donde la marca deja de ser un objeto para convertirse en un emblema de estatus, pertenencia o valores.
Apple es el maestro indiscutible en este arte. En sus 50 años de trayectoria, ha demostrado que su éxito no reside solo en el silicio, sino en haber ganado la batalla del significado. Al dejar de definirse como una empresa de tecnología para ser una de “estilo de vida y creatividad”, ha blindado su margen de beneficio y su deseabilidad frente a cualquier competidor.
Esto ocurre en muchas otras marcas, y en algunos casos lo tenemos más que interiorizado. El ejemplo de Michelin es, quizás, el más audaz: una fábrica de neumáticos que logró adueñarse de la alta gastronomía mundial. Lo que nació como una táctica funcional para fomentar el viaje por carretera, terminó redefiniendo el estándar del lujo. Al otorgar estrellas a los mejores restaurantes, Michelin dejó de vender caucho para vender exclusividad y criterio, demostrando que una marca puede trascender su origen industrial para convertirse en el “árbitro supremo” del prestigio social.
Las marcas deben preguntarse qué representan en la vida del usuario más allá de su utilidad. El liderazgo estratégico hoy requiere una visión a largo plazo que priorice la construcción de un legado cultural sobre el ROI inmediato de la próxima actualización de producto.
05. PERSONIFICACIÓN Y MASCOTAS: EL RETORNO AL “CUTE MARKETING”
Avatares y personajes como guías en la saturación digital
En un entorno digital frío y dominado por algoritmos, la figura de la mascota o el personaje de marca está viviendo un resurgir estratégico. Estos activos actúan como puentes emocionales, personificando valores de forma visual y atractiva, especialmente para las nuevas generaciones que buscan formatos más “vivos” y menos institucionales.
Incluso una marca tan sobria como Apple ha sucumbido a esta tendencia, lanzando a su Finder Guy en TikTok para conectar con la Gen Z. Este movimiento convive con la recuperación de iconos clásicos, como el helado Punky de La Menorquina, o la vigencia de figuras históricas como el tigre de Cheetos o el osito de Bimbo. Estos personajes no son moda pasajera, sino anclas de identidad.
La personificación facilita el “storytelling” y aumenta el recuerdo de marca. Para las compañías, contar con una mascota o un avatar digital permite una comunicación más ágil y lúdica, ideal para canales como TikTok donde el relato manda por encima del logo.