-
TemáticasAmérica latinaAsuntos EuropeosEconomía
-
SectorAdministraciones Públicas
-
PaísesGlobal
La actual coyuntura geopolítica, paradójicamente, es muy propicia para América Latina. El hecho de contar con importantes reservas de tierras raras y minerales estratégicos, abundantes fuentes energéticas fósiles (gas y petróleo) y recursos naturales, como sol, viento y agua, y ser uno de los mayores productores de alimentos, ha hecho que buena parte del mundo, comenzando por las grandes potencias (Estados Unidos, China, India y Rusia), le preste más atención que nunca.
Pese al enfrentamiento global entre China y Estados Unidos, que repercute directamente en la región, como prueban tanto el Corolario Trump de la Doctrina Monroe como la importante presencia de Pekín en todo el continente, los países latinoamericanos están en condiciones, en tanto no se dejen arrastrar por la corriente y los evidentes tironeos de ambos lados, de impulsar sus propias políticas para aprovechar el momento de forma inteligente.
La actual coyuntura geopolítica es muy propicia para América Latina: frente al enfrentamiento entre China y Estados Unidos, la región debe impulsar sus propias políticas y no dejarse arrastrar por la corriente.
Actualmente, y no sin ciertas dificultades, los gobiernos regionales ensayan políticas duales, inclinadas a Estados Unidos en seguridad y defensa y hacia China en comercio e inversiones. Esto no implica ni alejarse de uno para alinearse automáticamente con el otro, o viceversa, sino intentar mantener un cierto equilibrio. La dualidad es más visible en América del Sur, al ser China su principal socio comercial. Las recientes visitas a Pekín del presidente ecuatoriano, Daniel Noboa, y del ministro chileno de Exteriores, Francisco Pérez Mackenna, así lo atestiguan.
Pero hay grandes restricciones. Sus exportaciones requieren del mercado chino, irreemplazables por Estados Unidos. Tampoco las empresas estadounidenses podrán sustituir fácilmente las inversiones chinas, y más donde los cálculos empresariales no le son favorables. Pese a ello, Estados Unidos ha trazado diversas líneas rojas, poco definidas, en sectores considerados estratégicos por su doble uso potencial (económico y de seguridad) como telecomunicaciones, ciberseguridad, cables submarinos, tecnología espacial y ciertas infraestructuras claves (como los puertos).
Salvo Brasil y México, por su tamaño y potencial económico, los demás países son incapaces de negociar con ciertas garantías con las súper potencias y defender mejor sus intereses nacionales. Pese al estado crítico de la integración regional, la cooperación, la coordinación y la colaboración (las 3 C) intergubernamentales son más necesarias que nunca.
En este contexto sería deseable que los gobiernos de la región desarrollen estrategias propias hacia China, algo que de momento apenas se lo plantean. De hacerlo y de tener claros los objetivos que manejan los dos grandes, así como sus intereses particulares, podrían mantener cierta iniciativa en la relación, algo que hoy se echa en falta. Así será más sencillo reducir los riesgos (derisking) relacionados con las demandas de uno y otro en sectores estratégicos.
Para tener mejores oportunidades en la arena geopolítica, marcada por la incertidumbre, el retroceso del multilateralismo y el conflicto sino – estadounidense, América Latina debe diversificar sus alianzas políticas y las económicas (comerciales y financieras), con viejos y nuevos socios, como la Unión Europa, Canadá e India. Aquí entran, precisamente, el Acuerdo Mercosur – Unión Europea y la XXX Cumbre Iberoamericana de Madrid.
En un contexto global marcado por la incertidumbre, América Latina y Europa se necesitan más que nunca para diversificar alianzas, reducir riesgos y consolidar una asociación natural.
El Acuerdo con Mercosur, largamente negociado, es una gran ocasión para incrementar el comercio intrarregional. Se insiste en que es una fórmula ganar – ganar (win – win). Pero el Acuerdo tiene otras potencialidades. A partir del mismo, la UE tiene tratados de libre comercio con el 95% del PIB latinoamericano, frente al 44% de Estados Unidos y el 14% de China. Por la vía de los hechos, y a medida que los países firmantes armonicen sus normas, como las reglas de origen, el comercio intrarregional podrá crecer exponencialmente.
El sistema iberoamericano, más allá de las dificultades de un contexto global crecientemente hostil, ha demostrado su resiliencia. No solo porque ha sabido rearmarse tras el fracaso de la Cumbre de Cuenca, sino también por haber sabido vehiculizar distintos proyectos de cooperación en áreas como ciberseguridad y seguridad social. Como siete de los quince países observadores asociados son europeos (Alemania, Bélgica, Francia, Hungría, Italia, Luxemburgo y Países Bajos), más España y Portugal, miembros natos junto a Andorra, hay una importante presencia de la UE en el sistema iberoamericano, y sería deseable que se incrementara aún más.
En este momento, marcado por las tensiones provenientes de los sitios más diversos, algunos insospechados años atrás, América Latina y Europa se necesitan más que nunca. Esto ha llevado a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, a hablar de una asociación natural. En la senda trazada por el primer ministro canadiense, Mark Carney, en la convergencia de las potencias medias, hay que reforzar la relación euro – latinoamericana propiciando aquellas ventajas más favorables para todos los actores.